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“Sin duda, España es el país europeo que más aves sudamericanas recibe”.
En América Latina, los países que reciben algunas especies son Chile y Argentina, principalmente, porque no cuentan con especies exóticas.
La presidenta de Animales S.O.S., Susana del Carpio, contó que, al ser objeto de tráfico, algunos animales son sometidos a tratamientos dolorosos, desde el momento de captura hasta la salida del país.
Los métodos de captura son extremadamente crueles: se destruyen árboles y nidos y pueden llegar hasta a matar a la madre.
Carpio detalló que los loros y parabas son dormidos con sustancias químicas. Posteriormente, se les cierra el pico para ser introducidos en tubos plásticos de construcción y son llevados en maletas. “Algunas aves no sobreviven. Sin embargo, con que vivan una o dos es suficiente para los traficantes porque le dará buen dinero”.
La activista aseguró que actualmente existen en Estados Unidos criaderos donde se reproducen algunas especies, lo que podría disminuir su tráfico.
En otros casos, los delincuentes prefieren comerciar con los huevos de algunas aves.
En Bolivia, el Decreto Supremo de Veda 21774 y la Ley de Medio Ambiente prohíben el comercio, la compraventa de fauna, la persecución y el acoso de las bestias, excepto sobre algunas especies de las cuales se hace un manejo sostenible.
El tráfico de animales interno y externo atraviesa por una cadena cuyo primer eslabón son los cazadores o comunarios, quienes por ganarse a unos pesos atrapan a esos ejemplares.
Una paraba azul amarilla es vendida por un comunario a un intermediario en 50 bolivianos. Este último, después de acopiar varias aves, las vende a otros distribuidores pero con un precio superior.
Si es para el mercado interno, una paraba cuesta entre 200 y 250 bolivianos, mientras que en el exterior llega a 2.500 bolivianos.
Sin embargo, una paraba endémica, como la de frente roja, puede valer 5.000 dólares en el mercado interno y en Europa o Estados Unidos hasta 15.000 dólares.
“Son redes bien organizadas que tienen sus respectivos contactos”. El lugar de acopio de todo el país esta ubicado en la ciudad de Santa Cruz, desde donde son distribuidas a otros sitios.
El mono capuchino es otra especie cotizada como mascota. “Cuando son pequeños, son inofensivos, pero cuando crecen pueden inclusive quitarle el dedo a un niño pequeño”.
El año pasado recuperaron 400 animales silvestres, la mayoría decomisados en la feria 16 de Julio de El Alto. En lo que va de 2007, se recuperaron 150 ejemplares endémicos.
Las organizaciones hicieron énfasis en la falta de controles la Prefectura para frenar este negocio ilícito.
Uno de cada 10 animales sobrevive
Uno de cada 10 animales que sale de la selva sobrevive, el resto muere por diversos factores, explicó la presidenta de Animales S.O.S., Susana del Carpio. Este dato coincide con los informes presentados por el directivo del Zoológico Vesty Pakos David Kopp, quien alerta de que, por cada animal que llega vivo al mercado, nueve han muerto en la captura o en el transporte.
Del Carpio destacó: “La gente adquiere muchas veces animales silvestres sólo por ser extraños, pero las condiciones a las que son sometidos son las peores. Ninguno de estos animales puede convertirse en doméstico cuando se lo mete a una jaula o se lo obliga a vivir amarrado con una cadena”.
En el último tiempo se ha registrado un crecimiento del mercado interno en Bolivia que demanda mascotas silvestres. “Todos quieren tener un mono, un loro, una tortuga y hasta un oso, sin darse cuenta de la responsabilidad que implica esto”.
Estas especies, en muchos casos, son también destinadas a los laboratorios, como los cientos de monos que se exportan para ese uso, y para el folklore que consumen plumas, cueros, el quirquincho que es utilizado como matraca o charango.
“Uno de los mayores riesgos de la crianza de estos animales exóticos es el desconocimiento de su dieta, que puede causar su muerte”.
Las ONG piden modificar la Ley 1333
La Ley de Medio Ambiente 1333 debe modificarse, opina la presidenta de la fundación Animales S.O.S., Susana del Carpio, porque no existen sanciones drásticas para los traficantes de animales.
La ley adolece de vacíos ya que carece de un reglamento específico y sólo tiene un artículo que ordena el decomiso del animal y la multa conforme al valor de la especie y cárcel de dos años, cuando no es posible valuar un jucumari o un jaguar.
Además se debe convertir a los gobiernos municipales en autoridades ambientales porque en la actualidad éstos no tienen esa tuición. “En caso de un decomiso, los responsables tiene que llegar hasta la sede de la prefectura, de lo contrario no se puede hacer nada”.
A esto se suma el hecho de que existe negligencia en las autoridades, que en la mayoría de los casos no hacen nada para salvar la riqueza animal.
Carpio asegura que la única prefectura que practica decomisos actualmente es la de Santa Cruz, que además es severa a la hora de sancionar.
La coordinadora regional de la Comunidad Inti Wara Yassi da cuenta de que la anterior semana se produjo en ese departamento un decomiso de 500 loros, los que fueron recuperados al ser allanado un domicilio. Sin embargo, existen otros departamentos, como el de La Paz, donde no se realiza ninguna acción preventiva al respecto.
Datos
Los animales silvestres son transmisores de salmonelosis, herpes, rabia o tuberculosis.
El zoo Vesty Pakos tiene en su población 117 animales provenientes del tráfico.
Algunas especies viven en pareja y en grupo; si son separadas pueden morir.
Se recomienda no comprar animales silvestres en ningún sitio.
Las denuncias pueden realizarse a Animales S.O.S. en el teléfono 2308080.
Fuente:
La Prensa |